Durante décadas, los entrenadores
fijaron su atención en las capacidades condicionales: la fuerza, la resistencia
y la velocidad. Con el tiempo y frente a un escenario cada vez más competitivo,
los investigadores ampliaron su horizonte hacia otras capacidades íntimamente
relacionadas con el sistema nervioso. Estas cualidades, conocidas hoy
como capacidades coordinativas, permiten al deportista realizar los
movimientos con precisión, economía y eficacia.
Jacob (1990) asume
tres funciones básicas de las capacidades coordinativas:
1. Como elemento que
condiciona la vida en general
2. Como elemento que
condiciona el aprendizaje motor
3. Como elemento que
condiciona el alto rendimiento deportivo
Las capacidades
coordinativas son sin duda un elemento importantísimo a la hora de planificar
el entrenamiento tanto en los deportes individuales como de conjunto, ya que si
bien algunas de ellas no parecen jugar un papel decisivo en los deportes de
equipo, otras en cambio pueden llegar a ser de capital importancia, como
veremos a continuación.
Actualmente, la clasificación más
aceptada comprende seis capacidades. Ustedes van a encontrarse con siete, ya
que considero a la relajación como una capacidad coordinativa.
Saquen ustedes sus propias conclusiones. La lista es la siguiente:
·
Diferenciación: es la capacidad de lograr una
coordinación muy fina de fases motoras y movimientos parciales individuales, la
cual se manifiesta en una gran exactitud y economía del movimiento total.
Imaginen a un saltador de garrocha (pértiga) realizando su salto, moviendo cada
segmento de su cuerpo en forma diferencial a medida que avanza hacia el listón,
salta y cae sobre el colchón.
·
Acoplamiento: es la capacidad de coordinar
movimientos parciales del cuerpo entre si y en relación del movimiento total
que se realiza para obtener un objetivo motor determinado. El nado sincronizado
o la gimnasia rítmica o artística pueden quizá ser los mayores exponentes.
·
Orientación: es la capacidad de determinar la
posición y los movimientos del cuerpo en el espacio y el tiempo, en relación a
un campo de acción definido y/o a un objeto en movimiento. He aquí una
capacidad fundamental para deportes de conjunto como el hockey.
·
Equilibrio: es la capacidad de mantener o
recuperar la posición del cuerpo durante la ejecución de posiciones estáticas o
en movimiento. Esta capacidad varía mucho según la disciplina, pero puede verse
en su plenitud en deportes tales como el ciclismo o el esquí.
·
Cambio: Es la capacidad de adaptación de un
individuo a las nuevas situaciones que se presentan durante la ejecución de una
actividad física que presenta numerar interferencias del entorno. Otra
capacidad íntimamente relacionada con los deportes con pelota, donde el jugador
analiza constantemente la situación de sus compañeros y adversarios, además de
la suya propia.
·
Ritmo: Es la capacidad de producir
mediante el movimiento un ritmo externo o interno del ejecutante / La
repetición regular o periódica de una estructura ordenada. Obviamente, no
hablamos de bailar bien cuando hablamos de ritmo, sino de poseer un “sentido
del ritmo”. En carreras como la maratón, este sentido del ritmo es fundamental.
·
Relajación: es la capacidad de relajar (liberar
de tensión) de forma voluntaria a la musculatura. Piensen en un tirador, quien
debe liberarse de tensión a tal nivel que consiga disminuir su ritmo cardíaco
para encontrar el mejor momento para disparar.
Algunos autores agregan la agilidad, la habilidad, la rapidez, la
flexibilidad, la coordinación, etc. Más allá de la discusión que pueda
presentarse en el campo de la teoría, está claro que en la práctica deportiva
aparecen procesos nerviosos que ocurren fuera del plano de las capacidades
condicionales. Es importante conocer nuestro deporte y conocer las capacidades
coordinativas sobre las que se sostiene. Porque si lo que pretendemos alcanzar
es la victoria deportiva, no conviene dejar nada librado al azar.
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